Mas de una vez se desea el olvido total, el abandono a los recuerdos mas enterrados en el interior de uno mismo, y ciertas veces uno puede pensar y luego afirmar que es imposible. Crean o ignoren, pero he podido encontrar el momento preciso en el que uno puede remojar a estos, incluso hundirlos si es posible. Cuando la inmensa descarga se lanza sobre nosotros y no hay súplica que invoque piedad, desde el momento que la primera gota explota sobre el sediento suelo humedeciendo las raíces mas secas, agradeciendo una vez mas, que vuelve a llover.
Que curiosa puede resultar la atrapante inspiración, esa misma que proviene de los mismísimos placeres de la vida, los mas sencillos y cercanos a obtener, pero a la vez los mas ignorados, los que pasan por desapercibidos, y se hace muy difícil disfrutarlos, valla a saber uno porque. Quisiera creer que por el simple hecho de verlos cada día, entiéndase como cierta ambición del hombre, de la obtención de lo difícil, y hasta del anhelo a lo prohibido.
Texto: Macarena G.
Imagen: Marina U.
Imagen: Marina U.